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El cable, el gol anulado y el penal revocado: la noche más rara del Mundial

El cruce entre Inglaterra y Noruega en cuartos de final del Mundial 2026 no solo se definió por un doblete de Jude Bellingham: se convirtió en uno de los partidos más extraños del torneo, con una secuencia de episodios difíciles de explicar incluso para los especialistas.
Todo comenzó al final de la primera mitad, cuando un saque de meta noruego pareció rozar uno de los cables de la cámara aérea suspendida sobre el estadio. Según el reglamento, ese contacto debería haber detenido el juego, pero el árbitro permitió continuar. Segundos después, Inglaterra anotó el empate. FIFA confirmó luego que los sensores del balón no detectaron el contacto, aunque la polémica ya había estallado en redes bajo el nombre «Cablegate».
La rareza continuó en el segundo tiempo, cuando Noruega celebró un gol que el VAR terminó anulando por una falta previa de Erling Haaland. Minutos más tarde, Kristoffer Ajer estrelló un remate en el travesaño que pudo haber cambiado la historia del partido.
En el tiempo extra llegó otro giro: un penal a favor de Inglaterra fue concedido inicialmente, pero revocado tras revisión del VAR, que determinó que el jugador inglés había provocado deliberadamente el contacto con su rival.
El capítulo final resultó igual de desconcertante: Haaland, uno de los máximos goleadores del torneo, salió del campo al minuto 105 sin una lesión evidente, mientras su selección necesitaba desesperadamente un gol para seguir con vida.
Entre cables, sensores, un gol anulado y un delantero estelar en la banca, Inglaterra terminó imponiéndose 2-1 gracias a los dos goles de Bellingham, en un partido que quedará más recordado por sus rarezas que por su fútbol.